Un joven de Málaga es detenido por esnifarse las cenizas de su abuela

El pasado Domingo, la Policía Nacional de Málaga detuvo a Rubén Díaz, un joven de 23 años que sufre una fuerte adicción a las drogas. Al parecer, el adolescente fue denunciado por su madre después de causar varios daños materiales en el domicilio y de esnifarse las cenizas de su difunta abuela.

Fuentes policiales afirman que tras una fuerte discusión entre ambos llena de gritos, golpes y portazos, los vecinos alertaron a las autoridades para denunciar la escandalera que estaban formando, algo muy cotidiano en esa vivienda según nos cuenta Geremias Rodriguez, el vecino chivato. Al ser domingo y no tener nada que hacer, la policía llegó rápidamente al domicilio, donde se encontró al adolescente en estado de shock, aparantemente drogado y esnifando rayas compulsivamente de lo que serían las cenizas de su abuela, fallecida, en 2008 tras el gol de Puyol contra Alemania. Una mujer muy querida por todos en el barrio.

Según relatan varios vecinos que se enteraron de lo acontecido, el origen de la disputa fue cuando el joven drogadicto pidió la paga semanal a su madre como cada lunes. Ante la negativa de su madre y argumentando a plena voz que no tienen ni para comer, el yonqui de Rubén se puso muy agresivo y comenzó a romper puertas y platos al mas puro estilo “Hermano mayor”.

Pero lamentablemente, esta vez, Pedro Aguado no estaba en escena y el muchacho amenazó con quemarse a lo Bonzo y tirarse por la ventana si no conseguirá su dosis diaria de cocaína. El muchacho se mostraba muy arrepentido, y despues de sufrir la correspondiente paliza por los agentes de servicio mientras uno lo grababa con el móvil, confesó les confesó que fruto del mono, comenzó a meterse rayas de las cenizas de la Yaya como si no hubiera un mañana. “No lo dudé ni un segundo, cogí la urna y la volqué todita, si crees que es coca, es coca” concluye con total frialdad.

Los agentes decidieron llevarse a Rubén a comisaría, donde pasó 72 horas en el calabozo. Ahora el adolescente drogadicto, se enfrenta a una pena de entre 3 y 9 años de prisión por esnifarse a un familiar de segundo grado. “He visto a jóvenes meterse de todo, pero las cenizas de un difunto me parece algo desorbitado, habrá que probarlo” Cuenta el agente A.F.F entre risas para este periódico.

 

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